Y después dicen que este es el clásico más groso del país. En todo caso lo es por la gente de Ñubel, por la hinchada más popular, por el banderazo de la gente y por la fiesta que cada vez se vuelve más emotiva. Los de enfrente ya perdieron toda dignidad. Tras ir ganando 2 a 0 festejaron el empate con la calculadora en la mano. Es que la Lepra sabe de remontar clásicos, a puro huevo, garra y corazón: desde aquel inolvidable ’74, pasando por el 3 a 2 en el vueltódromo en 1981, (después de ir 2 a 0 abajo y con el tercero en tiempo suplementario), el 3 a 3 de 1983 (abandono sina incluido, a los 43 del ST) el 5 a 3 en la liguilla del ’89, o el más cercano 2 a 1 del 2005, con la espalda bendita de Garay…
Pero volviendo al tema de la fiesta, hay que sacarse el sombrero una vez más y felicitar a la gente de la subcomisión del hincha y a los cientos, miles de leprosos que pusieron su granito de arena para vivir una tarde de pasión como sólo Ñubel puede brindar. El trapo colosal que se estrenó esta tarde, la pirotecnia, los globos, los trapos, los papelitos, pero sobre todo el aliento, el aliento de esta hinchada que se merece ser campeón y que a pesar de haber perdido la punta mantiene el sueño vivo. Y pensar que algunos giles creían que si se iba López se terminaba la fiesta ,y que íbamos a pelear el descenso… Entre todos le estamos dando una lección al mundo del fútbol.
La emoción vivida esta tarde-noche en el Coloso se convertirá con el tiempo en un recuerdo imborrable. Más de 25.000 almas vibraron al ritmo de la hinchada más popular en lo que fue el banderazo más grande del mundo. En esta oportunidad, enmarcado en el condimento especial de estar punteros, faltando 5 fechas, la gente rebalsó hasta las expectativas de los propios organizadores. Por eso la salida del primer equipo (acompañado de viejas glorias goleadoras en los clásicos) se retrasó unos 20 minutos. Hubo que habilitar la platea alta para que el pueblo leproso pudiera soltar su aliento y empuje al equipo hacia la victoria. Como de costumbre, las “caras nuevas” del plantel sacaban fotos y filmaban, como no pudiendo creer el espectáculo. Los veteranos, ya más acostumbrados saltaban y cantaban a la par de los hinchas.
Como novedad, la dirigencia anunció el estreno de una pantalla colosal para el domingo (aclaremos que en este caso, el sistema de audio lo podrá la gente y no un parlante). El “chiche” será de las características de las pantallas de los estadios de River, Colón, Vélez y el Estadio de Wembley. De este modo, está todo dado para que el clásico sea una fiesta, esperando que los invitados no se vayan antes…
Hoy jueves la gente fue protagonista. Ahora, el domingo, cueste lo que cueste…
Punteros faltando 7 fechas, y justo un día antes del cumpleaños del más popular! Ayer 3 de Noviembre se cumplieron 106 años desde que se cristalizara aquel sueño engendrado bastante antes, allá por 1884, cuando el viejo Isaac desembarcara con el reglamento y el fóbal bajo el brazo. Para recordar el acontecimiento, los socios colmamos el camping del club, y los parrilleros humearon desde temprano en honor a Isaac, a Claudio, a Víctor Heitz y a las generaciones de leprosos que de a poco fueron hilvanando esta historia sin fin. Entrada la noche el cielo amagó a romperse. Pero no… era Isaac jugando desde el cielo con algún que otro fuego artificial, para sumarse tal vez al festejo. Los bombos siguieron sonando, mirando un poco al pasado y recordando viejos momentos de gloria, pero también mirando al futuro. Porque este sábado nomás nos jugamos la vida de nuevo, para descontarle un paso a la ilusión de sumar un nuevo campeonato a nuestro escudo… ¿Será el campeonato de la gente?
“Se disparó la polémica” anuncia con entusiasmo el diario más sinaliento de la ciudad. Según una encuesta de Artemio López (el mismo que pronosticó el dólar a 10 pesos en 2004, a De Narváez ganando 40 a 20 en las últimas elecciones y a Menem presidente en primera vuelta en 2003) el sina sería el “sexto” grande del fútbol argentino.
Pero en realidad, no hay polémica alguna. Ñubel es el más popular de la ciudad y del interior del país, y no porque lo diga una encuesta mandada a hacer. Para tranquilizar a los amantes del objetivismo cientificista, vayamos a los datos empíricos e incontrastables. Como en las canchas se ven los pingos, basta con mirar la historia de las máximas movilizaciones populares del fútbol argentino. Les pasamos el trapo.
Ya lo dijo el finado Parlanterrosa: en aquella recordada semifinal en cancha de River fueron mayoría los de la hinchada más popular: “¿Sabés cuantos (leprosos) había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones…”
Pero por si queda alguna duda, Ñubel es tan grande que se supera a sí mismo: fuimos el primer club en llenar el vueltódromo militar (1988 y 1992). Luego vinieron los 12.000 a Uruguay y los 40.000 a Avellaneda, sólo por citar dos hitos insuperables.
Carentes de aliento, estos muchachos llevan y llevarán por siempre el estigma de su nacimiento. Por eso en determinado momento -según ellos mismos- deciden “acriollarse” (¿pero no lo eran desde sus orígenes?) De ese modo buscan desesperadamente ligarse a lo popular. Sin embargo, al radicalismo de la “chusma” irigoyenista (al cual adhirió Claudio Newell y bajo cuyas banderas fue intendente de la cuidad y diputado nacional) jamás lo conocieron. Al peronismo llegaron tarde, recién en los ’70, inventando el mito de un “Rosario peronista y sinaliento”. Al Che Guevara lo descubrieron 30 años después de su muerte. Ahora en este mundo globalizado y posmoderno viven de las “encuestas de opinión”. Mucha “mística”, pero poco de realidad.
Pero para aclararle un poco las ideas a un parlante que ni vale la pena nombrar, pero que goza de espacio en el diario sinaliento de la ciudad, qué mejor que citar sus propias fuentes. Esta curiosidad se detalla en la revista del Cincuentenario del sinaliento (para los que lo quieran buscar, está en Internet):
“El primer capitán de Rosario Central es Lord y vive en Inglaterra.”
“(…) hubo en sus filas [las del sinaliento], en el primer año de actuación futbolística, una persona de la másrancia aristocracia británica.
El primer capitán de Rosario Central, constituido ya bajo este nombre, fueR.M. Jackson, que actuaba en el puesto de zaguero. Jackson había venido a la República Argentina, por una breve temporada y desempeñaba las funciones de Inspector General de la compañía. Regresó luego a Inglaterra y al fallecimiento de su señor padre, y siendo el mayor de los hijos, heredó el título de Lord, que de por sí sólo lo constituye en una figura representativa en Gran Bretaña.”
Ahí están los ingleses explotadoresque tanto le preocupan al sinaliento…
PD: la primer comisión directiva del club carente de aliento fue la siguiente: Tomas S. Hooper y sus hijos William y Henry, los hermanos Green, William Taylor Paull, Stephen Simps, W. Mullhall, N. Cooper, U. O. Lucas, R. Puplett, A. Mayne, H. Wilkinson, S. Nolis y J. Musket.
— ¿El mejor gol que le vio hacer a Newell’s, o el que más recuerde?
—El gol de penal que el Burrito Ortega le hizo a River en el 2004.Era el momento de ver si se jugaba por los leprosos, y ahí se ganó nuestro corazón.
—Usted va a la popular, la he visto.
—Sí, a la popular o a la platea. — ¿Los muchachos de la “popu” la piropean? —No, ya me conocen. Además voy vestida muy informal...Ahora me conocen un poco másy me conversan.
Este fragmento de la entrevista (¿operación de prensa habría que decir?) que M. Maronna le hizo Clara García en La Capital, sirve para reabrir un debate que parece haber pasado a un segundo plano desde hace algún tiempo.
La concreción de la consigna “expulsión a los traidores” aún no se concreta, pero además, algunos signos van en sentido contrario. La presencia de Clara García en el Coloso, y su anuncio a través de la Voz del Estadio el pasado domingo, es un mensaje peligroso para el pueblo leproso. No hace falta recordar que esta mina, junto al Intendente sina Lifschitz, Girardi, y Eduardo López, quisieron engrampar al más popular, encerrados entre cuatro paredes, negociando los terrenos que por tradición, historia y popularidad ya le pertenecen al club. Esta turra -que ahora saca chapa de “leprosa”- cuando se la tuvo que jugar por Ñubel, se la jugó por López, y ahora, los muchachos en la popu ya no la “conversan”, más bien la putean, como le pasó el domingo en el partido contra el Pincha…
El protocolo institucional tiene un límite, y ese límite lo impone la dignidad que nunca debe ser pasada por alto cuando se trata de Ñubel. Clara García es persona no grata para los leprosos que queremos al club. Sobre eso no hay vuelta atrás.
Prendés la tele, y llueven los informes sobre Marcelo Bielsa, intentando reflejar un poco de todo aquello que los leprosos vivimos y soñamos con reeditar. Hasta sus antiguos detractores, ahora reciclados, se muerden la lengua y prueban su propio veneno, subiéndose al carro de la victoria. La selección te extraña. El mundo habla de vos…
Desde que volvimos al club, tras aquel 14 de diciembre histórico, la vuelta de Marcelo al banco de suplentes del Coloso es algo que ronda por la cabeza de todos los leprosos (incluido el propio Bielsa).
Pero este es un Newell’s en transición, y el Loco no puede ser nunca un técnico de transición. Entre todos (dirigencia, jugadores, cuerpos técnicos e hinchas) deberemos ir generando las condiciones para darle a Marcelo un contexto donde pueda venir a pelear cosas grandes. ¿Quién no cierra los ojos y sueña con que aquellos 12 pasos que nos distanciaron de la gloria máxima de América, sean finalmente desandados por una nueva generación de leprosos conducida por el Loco?
Los valores que enarbola Marcelo (entre los que se encuentran la más sincera humildad) le impedirían dirigir en un Estadio que lleve su nombre. Por otra parte, el reconocimiento que más se merece es el rugido incondicional de la hinchada más popular, por sobre los homenajes que muchas veces quedan petrificados en el inerte bronce de los monumentos. Marcelo Bielsa es el héroe vivo más grande que tenemos, y así debemos reconocerlo.
El mejor homenaje que le pudimos hacer los leprosos fue echar a la dictadura que le cerró las puertas. Marcelo, ahora podés volver. En tu casa te esperamos.
Finalmente se realizó la asamblea extraordinaria para reformar los estatutos del más popular. Casi 800 socios se hicieron presentes en el estadio cubierto para debatir fundamentalmente uno de los puntos. “Amnistía o moratoria” fue la disyuntiva que a lo largo de tres horas decenas de oradores desgranaron en sus discursos.
Finalmente no hubo conteo de votos y hubo que separar a los asambleístas para evaluar el resultado. En una división muy pareja, a ojo, “algunos más le ganaron a algunos menos” a favor de la moratoria, y aunque todos terminamos cantando por “el glorioso Newell’s Old Boys”, el “Ñubel de la gente” se escuchó de un solo lado. Los resultados efectivos de esta moratoria en términos económicos están por verse. Habrá que ver si los numerosos caballeros del parque (muchos de los cuales reciben plateas gratis en cada partido) que se rasgaban las vestiduras “en favor de las arcas del club” finalmente abonarán los $86 mensuales durante 3 años, y habrá que ver que efectos reales trae la moratoria como atractivo para que nuevos socios plenos se inscribanen el club más popular.
Pero más allá de lo económico, lo que se discutió ayer a la noche en la asamblea tiene más que ver con el modelo de club que se está perfilando. A partir del resultado de la votación, se instala la idea de que quiere más a Ñubel el que tiene la billetera más gorda, lo cual va en sentido contrario de los postulados de un club “social y popular” como el que se esgrimió en la campaña del 2008.
Esto además, quedó expresado en el resto del estatuto que se aprobó por unanimidad y que fue consensuado entre todos los sectores políticos del club. Si bien se derogaron numerosas arbitrariedades que lesionaban la idea de democracia que hoy prevalece entre todos los leprosos, falta en el estatuto la cristalización de un perfil de club. Nada se profundiza en lo referente a la regulación de concesiones a terceros, ni de los roles específicos de las subcomisiones y filiales. Tampoco se planifica una división de áreas (en un club donde la actividad principal es el fútbol), estableciendo la correspondiente autonomía de cada una de ellas. Tampoco se ha dado una discusión profunda de la categoría de vitalicios (¿ser vitalicio es un derecho o privilegio?), ni de la posible y necesaria unificación de categorías sociales. Todo esto falta, fundamentalmente porque en el proceso de discusión del estatuto -y más allá de los debates entre agrupaciones- nunca se convocó al socio. No se hicieron foros de debate, ni audiencias informativas, ni consultas públicas con especialistas en el terreno político y en lo legal.
La democracia es la base para la construcción de un club mejor, pero con la democracia sola no alcanza. Hace falta una idea de club a llevar adelante, y hasta ahora, la idea que parece prevalecer es la del Ñubel de otros tiempos, un modelo a todas luces ya agotado.
En el balance, tras la votación, quedó la sensación de que perdimos todos. Perdió el socio, porque se vulnera un derecho que había sido consensuado previamente en el último proceso electoral. Y pierde la comisión directiva, porque al romper una de las promesas electorales más significativas (sumado al modo en que se perfiló esta maniobra durante 9 meses), suma descrédito y crea desconfianza, debilitándose de cara a lo que vendrá en Ñubel en los próximos tres años.